Relatos

―Entones, ¿qué sientes por mí?

El silencio se hizo largo. Yo lo miraba, sentado a su lado como muchas veces habíamos estado; pero esta vez no había risas, ni caricias, ni promesas. Sólo el silencio pesado y el viento.

Yo conocía la respuesta en su mirada, escondida detrás de sus manos al no saber que hacer y el tic-tac del reloj de su muñeca. Lo sabía desde hacía meses, cuando los besos se volvieron gélidos, cuando ya no había caricias, ni un “buenas noches” o insinuaciones que nos hicieran terminar en la cama. Uno lo sabe desde el primer momento, pero prefiere no verlo. Siempre es más sencillo así.

De pronto, un suspiro que corta el aire y el tiempo. No tiene que decirlo porque ya lo sé, pero si lo hace, si lo dice, me quitará un gran peso de encima; podré sanar de la forma más adecuada.

―La verdad ―murmura sin verme―, creo que necesito un poco de tiempo.

No necesita decirme más, los dos sabemos lo que eso significa.

―Ok ―susurro, mordiéndome el labio para no llorar.

―Espera… yo…

Niego con la cabeza. Lo dicho, dicho está. Los motivos no son necesarios porque ya sé cuál es su decisión.

Me pongo de pié y susurro “cuídate”, despidiéndome de él y del lugar donde tantas veces estuvimos juntos. Sonreí como solo alguien destrozado sabe hacerlo y me di media vuelta sin mirar atrás. Me puse los audífonos y salí del parque, con las lagrimas resbalando por mi para y los recuerdos mordiéndome la piel. Caminé bajo el atardecer de octubre, deseando que el mundo se detuviera y simplemente diera marcha atrás.

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Las Cosas que Cambian

Hoy me encontré un video. Un video porno donde aparentemente sales tú, mi ex, teniendo relaciones con otro hombre.

Han pasado tres años. Tres años complicados donde me convencí de odiarte cada día por lo que habías hecho, por como me habías tratado, y aun así el impacto fue inevitable. No es que me duelas, pero hubo tantas preguntas sin respuesta que, de alguna forma, surgieron de nuevo en mi mente. Probablemente repetí el video una docena de veces, tratando de adivinar si eras tú. Era una sensación totalmente nueva y extraña, el ver a esa persona ahí con alguien más. Inevitablemente me masturbe al verlo llegar al orgasmo, porque era como una fotografía vieja de un pasado prohibido que me había obligado a negar.

Por un lado mi cerebro quería corroborar si eras tú, aquel que penetraba a ese otro individuo, por el otro, me gritaba que me detuviera, convenciendome de que no era algo sano o justo para todo el tiempo que había pasado, justo para lo que viví, sufrí y aprendí en estos tres años en los que me obligaste a entender que no querías saber nada de mí.

Al final dejé de verlo. Recordé lo que tengo ahora: una relación estable con un hombre que me ama y me procura como tú nunca lo hiciste. Las cosas cambian, al igual que mis prioridades, y me llena de gozo saber que tú, después de tanto tiempo, ya no puedes herirme, ya no eres parte de mi día a día. Hoy me acordé de ti, para recordarme porqué ya no estás aquí.

Quince días

Siempre me he considerado una persona hermética respecto a mi vida personal. Procuro no mencionar mucho ya que nunca lo he considerado algo bueno o necesario, algo que en muchas ocasiones puede incluso llegar a ser contraproducente. Aún así estoy aquí, ésta vez en una especie de cuenta regresiva distinta a las anteriores.

Hace unos días, dentro de mi trabajo, mi jefe y yo tuvimos algunos desacuerdos. Dentro de mi trabajo me dedico al servicio, pero de un tiempo para acá, la parte de las ventas se ha vuelto algo muy importante dentro de la empresa. Algo tan importante que más allá del perfil de cada persona, poco a poco se nos ha forzado a hacerlo, tanto para quien lo quiere como para quien no. Personalmente el cambio me cayó como una patada en los huevos, pero era algo que hasta ahora había podido sobrellevar, al menos hasta hace unos días.

El problema empezó cuando para poder asistir a una junta dentro del equipo de trabajo, era necesario tener cierta cantidad de ofertas y ventas para poder poder asistir. Como yo no estaba dentro de los parámetros, simplemente se me excluyó. Al entrar a la sala de juntas y hacerle saber que no había hecho ofertas se me “invitó” a retirarme a lo cual respondí con un “okay” levantándome y saliendo del lugar. Para quien me conoce sabrá que siempre he tenido problemas con la gente que quiere sobrepasarse conmigo. Con aquellos que me quieren usar para “dar un ejemplo” a los demás. Aparentemente a mi jefe no le pareció la tranquilidad con la que lo mande a la verga y al día siguiente, aparentemente junto con otras 6 personas dentro del equipo, pasamos a formar parte de un grupo al que denominaré como “Los que van de salida”.

Es difícil no tomar las cosas personales cuando pasan tan rápido, difícil cuando la falta de visión de alguien que se denomina tu líder, habla del buen trabajo que hacen otros equipos, porque el “líder” de dichos equipos, amenaza con correr a sus empleados. Como si a latigazos entendiera el buey. En fin, en esta notificación de que estaba en periodo de prueba se me hizo saber que contaría con 15 días, no con los 30 que se acostumbran, para mejorar mis números o de lo contrario se me quitaría mi bono y entraría en la recta final para abandonar la empresa (¡hurra!).

Al día de hoy me quedan 12 días para lograrlo. Algo que lamentablemente se vuelve titánico, no imposible, pero casi. Aunque he de admitir que he tratado de verlo por el lado amable. Que pase lo que tenga que pasar y nunca me iré derrotado de ningún lado. De las situaciones se aprenden y simplemente se toma lo mejor de ellas. El mundo sigue girando y todo lo que termina, permite que cosas nuevas comiencen.

Los Fantasmas de la Memoria

¿Les ha pasado? Los días pasan con la monotonía de cada minuto y de la nada, de reojo, alcanzan a ver una silueta, una imagen oculta entre pasillos. Como una mirada clavada en la nuca de la que no sabes de dónde provenga. Sí, suele pasar, aquel parque, aquel arbol, aquel centro comercial que se vuelve cementerio de recuerdos y es inevitable sentir ese escalofrío recorrerte la espalda. Ese lugar donde aparecen esos fantasmas que están y no, que viven y mueren en ese suspiro muerto cuando sigues adelante.

He de aceptarlo, a veces uno se sabotea solo. Uno va a estos cementerios a recordar, a sentirse nostalgico y sonreir a escondidas, porque solo uno entiende que detras de lo que fueron lagrimas, se escondían sonrisas que sólo uno disfruta en el anonimato de las calles. ¿Quién más pudiera entender por qué sonries al caminar en esa calle? Esa puta calle donde pasaban cada noche para llegar a casa, aquella escalera eléctrica donde se besaron sin importar el resto del mundo. Esos fantasmas que viven de suspiros, tienen una razón de ser, aunque a veces es complicado entender el porqué. Hay veces que uno simplemente debe dejarse llevar por lo que pasa en el momento y disfrutar esa pequeña punzada en el corazón que nos dice lo que fue y lo que es, pero más importante, el porqué ya no es. Aun así, cuando paso sobre esa calle, sonrío y se me desmorona el corazón, porque eres como una persona que ya no existe, como si hubieses muerto y eso tal vez es lo que me convencí a creer cada día que pasaba. Pasaste de ser el que se fue, al que murio, al que ya no existe y tal vez por eso es complicado, porque existes, y desaparecerte únicamente creó un vacío en mi memoria, un vacío que mi mente exige explicación cada vez que paso frente a tu casa y recuerdo el cigarrillo en la ventana y las charlas hasta el amanecer.

Pronto ha de amanecer y los fantasmas se evaporaran. Sonrió, esta vez de diferente forma, porque si bien los fantasmas aparecen en la obscuridad, la luz del día me recuerda que sólo existen en mi mente y que al menos ahora, ya no pueden lastimarme como cuando estaban en vida.

Drunken words

Alguna vez conocí a alguien que decía:

Drunken words, sobber thoughts.”

A pesar de todo lo que viví con esta persona y que hace ya un tiempo que no hemos hablado, creo que es un pensamiento sumamente válido y real. A veces uno no tiene el valor para decir ciertas cosas o incluso hacerlas, pero el alcohol, al ser un desinhibidor, nos permite quitarnos esos límites y podemos decir y hacer aquellas cosas que a veces parecen imposibles.

En este año conocí gente nueva, pero también perdí gente muy cercana y muy querida para mí. He de admitir que en retrospectiva parecen idioteces, pero que al mismo tiempo son razones válidas. La gente no estará ahí para siempre si no la cuidas y eventualmente se cansa. Hay que darle el valor que tienen para que estén ahí y jamás faltarles al respeto, porque si es que están ahí, es porque algo significas para esas personas.

Si pudiera decir algo sería perdón. Yo soy fiel creyente de que antes de señalar los errores de alguien más, uno debe ver los propios. Si la otra persona decide ver o aceptar sus errores, es algo totalmente fuera de nuestro control, pero como dije, esa es mi opinión.

Me gustaría que esa gente que ya no está y me gustaría que siguiera aquí, tuviera, tuviéramos la oportunidad de arreglar los problemas, los desacuerdos como los amigos que alguna vez nos juramos ser. Ojalá sea pronto, porque el tiempo no perdona.

Solidaridad…

21 de septiembre, 2017

Definitivamente los últimos dos días han sido de los más intensos de mi vida. Para todos los que nacimos después del terremoto del 85, probablemente recordaran haber tenido esa conversación con sus padres, tíos y abuelos, con esa pregunta recurrente que se ha hecho docenas de veces “¿y tú dónde estabas en el temblor?” Una pregunta que llena de morbo, nos hacía imaginarnos en situaciones hipotéticas y pensar lo que hubiéramos hecho y lo que no, creyéndonos indestructibles en una era conocida como “después del sismo”. Sin embargo, hace dos días, 19 de septiembre, pero esta vez de 2017, la vida, con su infinita paciencia para demostrarnos lo equivocados que estábamos, nos trajo otro sismo, otro shock, otra oportunidad para hacernos esa pregunta de la que ahora nosotros seriamos protagonistas.

No es lo mimo que hace 32 años, eso es seguro. Los medios de comunicación, desde televisión, radio y redes sociales, fueron clave para la distribución de mensajes de auxilio y ayuda a lo largo de la tragedia. La gente iba y venia de centros de acopio y zonas de desastre, a veces nada más con sus ganas de ayudar, pero que resultaba suficiente en una ciudad herida y una sociedad que después de muchos años, le era presentada esa solidaridad mexicana tan famosa y citada a lo largo del tiempo. “Fuerza México” decían en los medios y la gente mostraba un apoyo incansable en donde fuera que se necesitara. Exceso de víveres y de manos, algo insólito en una ciudad dividida entre clases que por fin se daba la oprtunidad de conocer a sus vecinos. Gracias México, por demostrar que eres distinto, por demostrar que se puede contar con todos…

Me gustaría decir que ahí termina la historia, que los chilangos y sus estados adyacentes se unieron de una forma épica y que eso duro años y años, cambiando asi la forma de ver y pensar de cada uno que vivió el famoso terremoto del 2017… pero no fue así. Dos días le tomo a la gente. Dos. Pinches. Días. En eventos increíbles después de tanta solidaridad, la gente comenzó a escupir culpas entre unos y otros, que si los medios mentían, que si los grupos civiles no hacian lo suficiente, que si unos hacian más que otros. La misma sociedad que se había volcado a ayudar al desastre, comenzó a volcarse sobre si misma, repartiendo culpas como siempre lo ha hecho; porque es mucho más fácil y sencillo decir que el otro se equivoco a tener que aceptar los errores propios.  Por ejemplo, el sonado caso de Frida Sofía. Todos esperanzados a un rescate inexistente, o al menos no para la persona que ellos creían. ¿Y que paso? Todos sobre los medios. “Los pinches hipócritas de siempre” decían en redes sociales. Las imágenes son importantes, sobre todo en tiempos de obscuridad, ¿o qué? ¿ya se te olvido la imagen del santo que tienes detrás de la puerta? ese ser al que nunca has visto pero te hace persignarte antes de salir de casa para dar lo mejor de ti. La esperanza es manipulable y a veces necesaria para que la gente se siga moviendo, para que siga luchando y aun así se sienten tan chingones culpando a televisoras y reporteros por vender historias. ” Por rating” decían por ahí. ¿Cual pinche rating? ¿cuantos comerciales hubo? No les pasa por su cabeza que tal vez aquí hay más de un engañado y que probablemente los medios fueron uno más. Aun así, para que molestarse. Mejor gastar energía y saliva vociferando una sarta de malas palabras en vez de ayudar. En vez de hacer algo útil. Sociedades civiles donde por problemas internos se dividieron hace años, y ahora se pelean porque unas reciben dinero y otras no. “No les den dinero, porque se lo clavan” Tambien no sean mamones, si tu trabajo fuera dedicarte a rescatar gente, creo que es justo que recibas un sueldo. Si a la hora de partirse la madre estan ahí, verga, no se ustedes, pero a más de uno de nosotros nos han pagado por hacernos pendejos en el trabajo. o que, ¿ya no se acuerdan cuando se quisieron ver chingones y se hicieron pendejo  su jefe? Gente con doble moral a fin de cuentas.

En algun lugar escuche, que la condición humana no tiene cura. Tal vez sea cierto, pero tambien creo que si por un momento dejamos de enjaretarle culpas al prójimo y empezamos a aceptar nuestros errores, podemos llegar más lejos. Con  esa voluntad que nos hizo unirnos y que aun mantiene a mucha gente unida ayudando de una u otra forma. Porque toda la ayuda es importante, desde los que quitan escombro, hasta los que se aseguran de compartir información útil en redes sociales. Dejen de preocuparse de lo que ya se hizo mal y enfoquemonos en lo que se tiene que hacer bien, aprovechando que ya estamos hombro con hombro, porque recuerden, 1985 sonaba como una historia de la era dorada de México, donde se escuchó del mexicano solidario y aún así, años después, solo era una leyenda. Volvamos la leyenda cierta ahora que se nos dio la oportunidad. Ahora que nos podemos volver a levantar.

Rostros – Parte 1

Antes de esto estaba en una fiesta… tal vez era un antro. Había salido presurosamente del baño, después de meterme un llavazo de coca. No pudiera ser todo más perfecto, me decía mientras me veía al espejo y me aseguraba de no tener rastros de polvo en la nariz. Hace un momento había comenzado a sonar Blue Monday y la emoción de la gente se escuchaba en todo el lugar. Ya recordé, era un antro, allá en la Roma, de esos que alguna vez fueron casas y ahora sirven para bailar y empedarte hasta las 4 de la mañana.

How does it feel to treat me like you do?

-¡¿Wey, dónde andabas?!

-En el baño -mientras respondo, me paso el indice por la nariz y mi amigo se ríe, sabiendo que una rola como esa se disfruta más con un llegue.

Habíamos llegado pasada la medía noche y la gente seguía llegando. Recuerdo que conmigo iba varia gente, amigos de universidad, Gustavo, mi mejor amigo y yo. Habían terminado por fin los exámenes del periodo y acordamos que necesitabamos un buen desestres.

-Y tú bien sabes lo que eso significa -le dije a Gustavo mientras me estacionaba frente al portón blanco unas cuantos horas antes.

-¡Arre con la que barre!

Bajo el marco de la puerta, como de costumbre, estaban un par de hombres platicando tranquilamente. El importante era el de la gorra; siempre con su maldita gorra vieja y su gabardina verde ya algo gastada por el tiempo.

-¡Que tranza, flaquito! -exclamé, dándole la mano al de la gorra.

“El Flaco” como todos lo conocíamos, era el dealer  de confianza. El hombre se acerco con una media sonrisa, tal vez para ocultar un poco los dientes que le faltaban.

-!Ese mi Diego!¿Ya se van de fiesta?

-Ya ves, el viernes no perdona.

-Eso es todo. ¿Cuantos van a llevar?

– Dame tres bolsitas.

-Que sean cinco -agrego Gustavo, pasandome un par de billetes.

El Flaco traía en la mano, una docena de bolsitas amarillas, que contaba lentamente. Cada semana eran de diferente color y de vez en cuando, la calidad subía. No era la mejor coca que se podía conseguir, pero era barata y siempre estaba a la mano.

-Ahí está -me dijo el Flaco, dándome las bolsitas.

Le entregué el dinero y nos despedimos como viejos amigos. Eso había sido horas antes, ahora, de las 3 bolsitas quedaba una y comenzaba a sentirme entumido. Necesito ponerme más pedo, pensaba, tratando de no apretar los dientes.

-Voy por un cigarro -le dije a Gustavo al oído.

Él asintió y siguió bailando con los demás.

Como dije anteriormente, el lugar era una casa vieja; las pistas de baile eran un par de cuartos grandes y habían acondicionado un cuarto para poder ir a fumar. Saqué un cigarrillo de mi chamarra y me senté en uno de los sillones del lugar. Cada vez había más gente en ese lugar y no me refiero a esa noche, sino en general. Mi lugar favorito en la ciudad era cada vez más popular y cada vez que veníamos había más y más personas. Fue entonces cuando lo vi pasar. Fue un instante, un rostro entre muchos y aun así lo reconocí al instante, porque los rostros que amamos no se olvidan jamás.

Love my Way

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La canción del mes, como el título indica, es Love my Way de The Psychedelic Furs. Permitanme explicarles como funciona: de vez en cuando aparece una canción, puede ser una canción que no conozcas o alguna que nunca haya sido relevante y de pronto se vuelve una canción trascendental en tu vida. Esto es algo que he venido haciendo desde que tenía como 16 años y han pasado distintas bandas. Tal vez lo interesante de esta canción es como habla de ser gay en los 80’s y el boom que significó esta nueva forma de “amar”.

En fin, mientras escucho esta canción, me vienen a la mente un par de situaciones que han estado dando vueltas en mi cabeza. Hace algunos años yo salí con un chico, si bien la relación nunca dio más que para un par de salidas y una revolcada en mi cama, siempre hubo una tensión sexual entre nosotros. A mi me gustaba y aparentemente yo le gustaba a él. Todo es muy sencillo hasta que hace un mes, más o menos, el chico este me mandó un mensaje. En el decía que quería verme y que le gustaría salir y blah blah, la verdad estaba un poco sorprendido, pero accedí de inmediato. El problema fue que cuando la fecha estaba próxima al encuentro, el chico este empezó a actuar extraño y dejó de contestar los mensajes. Para hacer la historia corta, de repente me contesta, lo ignoro, me habla y desaparece. Es un chico guapo, pero la neta no tengo tiempo para pendejadas. Ya no tengo tiempo para perder con chicos que no saben que chingados pasa por su cabeza.

Mi ojo izquierdo me arde. Antier me hicieron cirugía y técnicamente no debería estar en la computadora. Bueno, tampoco se supone que debía tomar bebidas alcohólicas y vieran que pedota me puse el viernes. La vida no espera y como dirían los Furs:

You can never win or lose if you don’t run the race”

Aeropuerto

Es interesante como un lugar conlleva tantos recuerdos. Mientras espero mi vuelo en el aeropuerto, me vienen a la mente las veces que vinimos a hacer preguntas y trámites, en tediosos recorridos de horas. Increíble lo que a veces uno hace por otras personas.
He de admitir que no fue fácil venir cada mes a ver un trámite nuevo. Cada vez que veníamos era como si me despidiera de ti, como si lo inevitable estuviera ocurriendo y aún así, al salir de ahí junto a ti, era como si el tiempo me regalara un día más contigo, pero con el tiempo, incluso el aeropuerto fue testigo del cambio en tu actitud, el cambio entre nosotros. Cosas que pasan.

En fin, eso fue hace algún tiempo y ahora estoy aquí por otros motivos. Eventualmente todo se va y algunas cosas regresan. De cierta forma, creo que no hay mejor lugar para entender algo como eso.

Comienzo…

Entonces el carro acelera. Poco recuerdo de aquella noche y aun así es uno de mis recuerdos favoritos. Vamos por Periférico a toda velocidad. Alejandro al volante, como siempre pasaba en aquellas noches. A su derecha estaba Kenia, que si bien era su carro, no a cualquiera dejaba que lo manejara. Yo iba atrás, junto a Kevin, mi mejor amigo, cantando Blue Monday a todo volumen. La cerveza amortiguaba la linea de coca que nos habiamos dado él y yo. Esa sensacion extraña en la nariz y la pila de seguir hablando toda la noche. La vitalidad de los 20’s a todo lo que da, cuando sientes que nadie te puede parar y que el mundo es tuyo. Un cigarro, tal vez dos.

¿A dónde vamos? Al Under, respondo emocionado. Mi lugar favorito de la ciudad. Ahí me di primer ácido, le cuento a Kevin por enesima vez, siempre que estoy pedo le cuento la historia de nuevo. Los colores, la música, la chica hermosa que bailaba a ritmo de Come Undone de Duran Duran. A veces me pregunto si los “años maravillosos” ya pasaron o apenas comienzan. Saco una bolsita y me doy un llegue a 120 km/hr. Tal vez apenas comenzaban.