Lovely Times

I miss those times
When you would sing
Lovely songs into my ears.
I miss those nights
When we were high
On all those thick
Cocaine lines.
“I love you more
Than you’ll ever know”
That was the vow
Never fulfilled
And even though
The time has passed
I am still here,
I still believe,
That one day
We will be back
To all those troubled
Lovely times.

11:11

Todas las mañanas, de una manera que aun no me explico, veías el reloj a la hora indicada. 11:11, nunca antes, nunca después. Desnudo a mi lado, mirabas la hora y sonreías, sabiendo que lo habías hecho una vez más, murmurando “11:11, feliz cumpleaños”. Esa fue la forma en la que lo grabaste en mi memoria, como grabaste la fecha de tu cumpleaños cada día que despertaba contigo, con mis pies fríos alrededor de los tuyos y mi cabeza sobre tu hombro. Era como una broma personal, un chiste que te contabas a diario para sonreír y que, eventualmente, me hizo sonreír a mi también.

Con el tiempo ya no solo eras tu aquel que acertaba la hora, era como un don compartido, un momento de intimidad de algo que probablemente habías hecho por años y que decidiste compartir conmigo. Aquel pequeño gesto que la gente tiene y que la hace única, así como tu, así como yo, así como nosotros.  Cada día era tu cumpleaños, cada día te veía sonreír y pedía un deseo, el deseo de estar contigo un día más, sólo un día más, pero aun así, cada día te alejabas más de mi.

Eventualmente aquel gesto que trajo sonrisas, me trajo lagrimas cuando ya no estabas. Era la hora del día para recordar los largos abrazos o los besos a media noche. Era el recuerdo de ti, del tiempo que pasamos y de todo lo que ya no era. Era llorar todos los días, en un horario maldito que se cumplía con el mismo tic-tac  que marco el final de lo que fuimos.

Hoy es 11 de noviembre. Hoy es tu cumpleaños. El reloj ya no marca el final como lo marcaba antes, ahora es otra historia que comenzó hace tiempo. Ya los deseos no van por ti, sino por mi, por estar bien, por seguir adelante. Pero hoy, como en cualquier fecha importante, haré una excepción. El deseo de hoy va por ti, por recordar esos días, esas noches. Esas fiestas en tu habitación, esas fiestas de dos, con alcohol barato y coca en un espejo. Porque a pesar de todo me la pase bien. Hoy deseo que estés bien y que hayas logrado lo que siempre quisiste. Hoy brindaré por ti, solo por un día, para que así tu recuerdo no se quede, para que no me lastime, pero también, para que sepas que aun pido por ti… donde quiera que estés.

Mariana

Entonces te dije que escribiría de ti. Eso es lo que hace la gente estúpidamente enamorada cuando vuelve a ver a la persona que sabes que te cambiaría la vida. Pero… ¿cuál es la condición? El tiempo nunca estuvo de nuestro lado. Siempre supimos que había algo que no estaba bien; era asfixiante el hecho de que todo, absolutamente todo, estuviera bien. Tal vez eso era lo que nos comió al principio; el no saber que hacer. Entonces nos separamos. Seguimos siendo amigos en los mejores términos posibles y cada quién siguió con su vida. Buscábamos problemas donde no los había, porque eso fue lo que siempre nos falto. La eterna lucha de egos.

Eventualmente, nos volvimos a ver. Unos besos, algunas caricias. No hubo palabras de por medio. Tal vez en el fondo extrañábamos la tranquilidad del otro, la aceptación que nos brindamos mutuamente y el tener que aceptarlo nos aterraba. Preferimos callar y pretender que nada pasaba, que todo estaba bien.

Pasaron más años, más historias, más amores para ambos. Aun así no deje de pensar en ti. Eras la persona que mis parejas en turno temían, porque sabían que tu eras especial. Sabían que no existía modo alguno de sacarte de mi corazón. Así que eras un tabú en mis vida; algo que jamas se mencionaría, pero que todos sabíamos que estaba ahí.

Entonces llego el tiempo de volvernos a ver una vez más. Un hola, una mirada, una sonrisa. Un par de cervezas. Esta vez nos atrevimos a decir lo que siempre sentimos, lo que pensábamos el uno del otro y el lugar que representábamos en la vida del otro. So bad timing nos repetíamos mientras jugaba con tu cabello, dándome cuenta que si me quedara contigo, no necesitaría nada mas.

Volvimos a salir. Hermosa como siempre, me esperabas bajo el Monumento a la Revolución. Nunca quise que ese día terminara. Una noche loca donde te pedí que vinieras conmigo. Una petición romántica, porque en el fondo ambos sabíamos que no era posible. Aun así hicimos promesas: eventualmente nos volveríamos a ver y retomaríamos esto. Esa seguridad de decir esto no es el final, simplemente algo en espera. Ambos aun teníamos cosas que vivir en nuestras vidas.

Hoy sigo pensando en ti. En el absurdo día a día te transformaste en mi promesa del “tal vez”. Yo sabía que era posible que salieras con alguien más, que siguieras adelante como cualquier otra persona. Sin embargo, siempre considere que mi lugar me daba algún tipo de prioridad. La seguridad del idiota enamorado. Y así fue como, con esa precisión de una mujer de letras, me hiciste mierda el corazón por primera vez. Las palabras correctas con las pausas adecuadas. Gancho al hígado y luego un disparo en la frente. El sueño ejecutado en el callejón del “nunca jamas”.

 

Y es así como regreso a mi promesa de escribirte algo. Lamento infinitamente que sea esto lo que te escriba y no algo así como una promesa de cuidarte siempre. Perdón por haberme ido. Si hay algo de lo que me arrepiento ahora es de no haberme quedado a tu lado cuando pude. Aun así te deseo lo mejor, porque en el fondo, muy en el fondo, me alegra saber que eres feliz. Espero que realmente lo seas porque alguien como tu se merece lo mejor. A ti te regalo esta carta y probablemente escribiré de ti toda mi vida. Mi regalo hacia ti es la inmortalidad en las letras; un lugar donde al menos siempre tendré la seguridad de poder protegerte.

Lo que No nos Decimos

¿Por qué siempre discutimos de esta forma? A veces lo hacemos por horas e incluso días. Siempre es en silencio hasta que alguno se cansa y termina pretendiendo que no sucedió nada. Usualmente soy yo el que se cansa primero, porque me cuesta más trabajo estar de malas o pretender que me vales verga. Aparentemente para ti es más fácil y esa siempre ha sido tu ventaja.

¡Mírame, aquí estoy! Justo donde me dejaste después de ese golpe que me dejó sin aire. Entiendo que a veces nuestra relación tiende a ser directa, a veces incluso violenta, pero ¿por qué tiene que ser así? Como niños jugamos a ver quien llora primero, pero eventualmente un golpe duele más y ya no queremos continuar. Cuando te duele a ti no me hablas, me ignoras y me obligas a disculparme. De alguna u otra forma. A veces con palabras, otras veces con algún gesto. Eventualmente te ríes y todo como si nada. Seguimos jugando.

Pero cuando tú me pegas a mí, cuando el golpe me detiene en seco, hay algo que no tiene sentido. Obviamente me alejo, tal vez para no enojarme, para no hacer nada impulsivo, pero nunca he entendido porque termino pidiendo disculpas. Porque cuando tú me lastimas soy yo quien debe acercarse y pretender que no me dolió; porque para ese momento ya no me diriges la palabra, como si yo hubiera tenido una reacción exagerada. Entonces me preocupo y me hago mierda la cabeza. Todo bien, todo bien, pretendo con sonrisas, para que todo siga como antes. Para evitar un conflicto en el que sé que saldré perdiendo.

Otra vez estamos jugando. A ver quien chilla primero. A ver quien llora primero. Otra vez el juego del silencio… Otra vez el juego de todo lo que no nos decimos.

Podría

Podría susurrarte toda la noche lo mucho que me gusta tu aroma. Podría murmurar sobre tus labios lo mucho que me encanta estar contigo. Podría besarte la nariz de vez en cuando, solo para ver tu reacción o garabatear flores en cuadernos viejos mientras escuchamos música hasta el amanecer. Podría escucharte hasta que no tuvieras nada más que decir y al final sólo contemplarte en silencio, sintiéndome afortunado por cada minuto a tu lado.

Tal vez podríamos hacer todo eso y tal vez, después del sexo y de despedirme de ti a la mitad de la calle, trate de convencerme de que no somos absolutamente nada. Que “no” siento nada por ti, que “no” te mando mensajes sin tener nada que decir, solo para poder estar en contacto. Que por eso “no” estoy escribiendo en este momento. Porque tú no sientes nada y lo has dejado claro. Esto es pasajero; cosa de unos días, de colegas, de amigos con derechos. Aún así intento no sonreír de más cuando te veo o cuando te mando un mensaje sin tener nada que decir sólo para saber como estás.

La verdad agradezco que hayas dejado claro lo que somos, incluso cuando eres fría conmigo. Eso ha ayudado a que todo fluya de la mejor manera. Aún así sonrío, pensando en lo que podría ser. En todas las cosas que podrían ser a tu lado.

El Amor Egoísta

Recuerdo que alguna vez, hace tiempo ya, escribí algo acerca del Amor Egoísta.No me viene a la mente lo que escribí exactamente, pero si la idea detrás de ello. El amor jamás podría llegar a ser puro por si mismo; siempre tendría tintes de locura y deseo que lo degradaban a un nivel donde se transforma en una enfermedad. Seamos sinceros: cuando uno dice amar a alguien, cuando realmente uno lo siente en el fondo del pecho y comienza con aquella cursilería de “sólo quiero que seas feliz” es en ese momento donde el egoísmo se pone a prueba. ¿Qué tan feliz quiero que seas? ¿Te daría todo lo que quieras con el simple hecho de verte sonreír? y ¿Si la única forma de verte feliz es dejándote ir? Entonces vuelvo a preguntar ¿Qué tan feliz quiero que seas?

Me gustaría creer que todo se trata de aprender y entender acerca del “Dilema del Erizo”; que tan cerca puedes estar de alguien sin hacerle, o hacerte, daño. Pero más allá de la teoría, se trata de la practica. Tener los huevos para decir ¡Que me importa si me parten la madre, porque a fin de cuentas te amo! No cualquiera lo haría. Es una tarea difícil y a nadie se le debería juzgar por no querer hacerlo.

Hoy me siento a prueba. Todo lo que he aprendido se pone a prueba. Una vez alguien me dijo lo manipulador que podía llegar a ser. Ese mismo día dejé de serlo. No me siento orgulloso de ello, así como hace tiempo dejé de sentirme orgulloso por la facilidad con la que podía mentir. Si tuvieras la oportunidad de controlar las decisiones de la persona a la que amas ¿qué harías? Madurar te hace entender que la mitad de las historias de amor que conoces, aquellas que lees y ves en las películas, se tratan de sumisión, de invasión y de mentiras que en un giro dramático se transforman en algo bueno. Entonces, ¿qué es el amor?

Alguna vez pensé, y quiero creer que lo sigo pensando, que amar a alguien se trata de compartir, más no de unir. Amar se trata de hacer tu vida individual y permitirle a alguien más ser parte de ella. Amar se trata de dejar a la otra persona seguir siendo quien es y quien quiere ser,  apoyando sus sueños hasta donde los tuyos te permitan. ¿Acaso seria egoísta no querer dar más? Tal vez, el amor egoísta se encuentra en ambos extremos: en la necesidad de darlo todo por amor, al grado de perder la identidad, y en el extremo de no dar nada para seguir siendo quien uno es. Lo ideal sería el equilibrio, pero el amor va de la mano de la locura. Entonces, si hay razón, si hay equilibrio, ¿sigue siendo amor?

Creo que aun no he llegado a alguna conclusión que me haga sentir cuál es la mejor. Me gustaría seguirte hasta el fin del mundo, pero también me gustaría que te quedaras. Yo sé que lo que puedo ofrecerte no es suficiente para que te quedes, porque a fin de cuentas no puedo estar contigo todo el tiempo. No quiero que tu felicidad dependa de mí, porque si algún día te llegase a fallar, simplemente no me lo perdonaría. No sabes cómo deseo ser egoísta y decir quédate mil y un veces, pero no sería justo para ninguno de los dos. Quédate porque quieres quedarte y quédate para darte una segunda oportunidad. Pero si no te quedas, juro que entiendo el porqué; al final, es el mismo motivo por el cuál no puedo seguirte, al menos por ahora, a donde quiera que vayas. Yo me iría sólo por estar contigo, así como tú te quedarías sólo por mí. Aún así te amo, como nunca antes amé a alguien, porque es un amor estable y sano. No sé si es porque sea una muerte anunciada, pero lo estoy disfrutando al máximo. Lo único que sí puedo decir es que algún día tendré los medios y lo motivos suficientes para irme y si aún somos lo suficientemente egoístas como para querernos el uno junto al otro, entonces ese mismo día estaré a tu lado.

Relatos

―Entones, ¿qué sientes por mí?

El silencio se hizo largo. Yo lo miraba, sentado a su lado como muchas veces habíamos estado; pero esta vez no había risas, ni caricias, ni promesas. Sólo el silencio pesado y el viento.

Yo conocía la respuesta en su mirada, escondida detrás de sus manos al no saber que hacer y el tic-tac del reloj de su muñeca. Lo sabía desde hacía meses, cuando los besos se volvieron gélidos, cuando ya no había caricias, ni un “buenas noches” o insinuaciones que nos hicieran terminar en la cama. Uno lo sabe desde el primer momento, pero prefiere no verlo. Siempre es más sencillo así.

De pronto, un suspiro que corta el aire y el tiempo. No tiene que decirlo porque ya lo sé, pero si lo hace, si lo dice, me quitará un gran peso de encima; podré sanar de la forma más adecuada.

―La verdad ―murmura sin verme―, creo que necesito un poco de tiempo.

No necesita decirme más, los dos sabemos lo que eso significa.

―Ok ―susurro, mordiéndome el labio para no llorar.

―Espera… yo…

Niego con la cabeza. Lo dicho, dicho está. Los motivos no son necesarios porque ya sé cuál es su decisión.

Me pongo de pié y susurro “cuídate”, despidiéndome de él y del lugar donde tantas veces estuvimos juntos. Sonreí como solo alguien destrozado sabe hacerlo y me di media vuelta sin mirar atrás. Me puse los audífonos y salí del parque, con las lagrimas resbalando por mi cara y los recuerdos mordiéndome la piel. Caminé bajo el atardecer de octubre, deseando que el mundo se detuviera y simplemente diera marcha atrás.

Las Cosas que Cambian

Hoy me encontré un video. Un video porno donde aparentemente sales tú, mi ex, teniendo relaciones con otro hombre.

Han pasado tres años. Tres años complicados donde me convencí de odiarte cada día por lo que habías hecho, por como me habías tratado, y aun así el impacto fue inevitable. No es que me duelas, pero hubo tantas preguntas sin respuesta que, de alguna forma, surgieron de nuevo en mi mente. Probablemente repetí el video una docena de veces, tratando de adivinar si eras tú. Era una sensación totalmente nueva y extraña, el ver a esa persona ahí con alguien más. Inevitablemente me masturbe al verlo llegar al orgasmo, porque era como una fotografía vieja de un pasado prohibido que me había obligado a negar.

Por un lado mi cerebro quería corroborar si eras tú, aquel que penetraba a ese otro individuo, por el otro, me gritaba que me detuviera, convenciendome de que no era algo sano o justo para todo el tiempo que había pasado, justo para lo que viví, sufrí y aprendí en estos tres años en los que me obligaste a entender que no querías saber nada de mí.

Al final dejé de verlo. Recordé lo que tengo ahora: una relación estable con un hombre que me ama y me procura como tú nunca lo hiciste. Las cosas cambian, al igual que mis prioridades, y me llena de gozo saber que tú, después de tanto tiempo, ya no puedes herirme, ya no eres parte de mi día a día. Hoy me acordé de ti, para recordarme porqué ya no estás aquí.

Quince días

Siempre me he considerado una persona hermética respecto a mi vida personal. Procuro no mencionar mucho ya que nunca lo he considerado algo bueno o necesario, algo que en muchas ocasiones puede incluso llegar a ser contraproducente. Aún así estoy aquí, ésta vez en una especie de cuenta regresiva distinta a las anteriores.

Hace unos días, dentro de mi trabajo, mi jefe y yo tuvimos algunos desacuerdos. Dentro de mi trabajo me dedico al servicio, pero de un tiempo para acá, la parte de las ventas se ha vuelto algo muy importante dentro de la empresa. Algo tan importante que más allá del perfil de cada persona, poco a poco se nos ha forzado a hacerlo, tanto para quien lo quiere como para quien no. Personalmente el cambio me cayó como una patada en los huevos, pero era algo que hasta ahora había podido sobrellevar, al menos hasta hace unos días.

El problema empezó cuando para poder asistir a una junta dentro del equipo de trabajo, era necesario tener cierta cantidad de ofertas y ventas para poder poder asistir. Como yo no estaba dentro de los parámetros, simplemente se me excluyó. Al entrar a la sala de juntas y hacerle saber que no había hecho ofertas se me “invitó” a retirarme a lo cual respondí con un “okay” levantándome y saliendo del lugar. Para quien me conoce sabrá que siempre he tenido problemas con la gente que quiere sobrepasarse conmigo. Con aquellos que me quieren usar para “dar un ejemplo” a los demás. Aparentemente a mi jefe no le pareció la tranquilidad con la que lo mande a la verga y al día siguiente, aparentemente junto con otras 6 personas dentro del equipo, pasamos a formar parte de un grupo al que denominaré como “Los que van de salida”.

Es difícil no tomar las cosas personales cuando pasan tan rápido, difícil cuando la falta de visión de alguien que se denomina tu líder, habla del buen trabajo que hacen otros equipos, porque el “líder” de dichos equipos, amenaza con correr a sus empleados. Como si a latigazos entendiera el buey. En fin, en esta notificación de que estaba en periodo de prueba se me hizo saber que contaría con 15 días, no con los 30 que se acostumbran, para mejorar mis números o de lo contrario se me quitaría mi bono y entraría en la recta final para abandonar la empresa (¡hurra!).

Al día de hoy me quedan 12 días para lograrlo. Algo que lamentablemente se vuelve titánico, no imposible, pero casi. Aunque he de admitir que he tratado de verlo por el lado amable. Que pase lo que tenga que pasar y nunca me iré derrotado de ningún lado. De las situaciones se aprenden y simplemente se toma lo mejor de ellas. El mundo sigue girando y todo lo que termina, permite que cosas nuevas comiencen.

Los Fantasmas de la Memoria

¿Les ha pasado? Los días pasan con la monotonía de cada minuto y de la nada, de reojo, alcanzan a ver una silueta, una imagen oculta entre pasillos. Como una mirada clavada en la nuca de la que no sabes de dónde provenga. Sí, suele pasar, aquel parque, aquel arbol, aquel centro comercial que se vuelve cementerio de recuerdos y es inevitable sentir ese escalofrío recorrerte la espalda. Ese lugar donde aparecen esos fantasmas que están y no, que viven y mueren en ese suspiro muerto cuando sigues adelante.

He de aceptarlo, a veces uno se sabotea solo. Uno va a estos cementerios a recordar, a sentirse nostalgico y sonreir a escondidas, porque solo uno entiende que detras de lo que fueron lagrimas, se escondían sonrisas que sólo uno disfruta en el anonimato de las calles. ¿Quién más pudiera entender por qué sonries al caminar en esa calle? Esa puta calle donde pasaban cada noche para llegar a casa, aquella escalera eléctrica donde se besaron sin importar el resto del mundo. Esos fantasmas que viven de suspiros, tienen una razón de ser, aunque a veces es complicado entender el porqué. Hay veces que uno simplemente debe dejarse llevar por lo que pasa en el momento y disfrutar esa pequeña punzada en el corazón que nos dice lo que fue y lo que es, pero más importante, el porqué ya no es. Aun así, cuando paso sobre esa calle, sonrío y se me desmorona el corazón; porque eres como una persona que ya no existe, como si hubieses muerto… o eso fue lo que me convencí a creer cada día que pasaba. Pasaste de ser el que se fue, al que murio, al que ya no existe y tal vez por eso es complicado, porque existes, y desaparecerte únicamente creó un vacío en mi memoria, un vacío que mi mente exige explicación cada vez que paso frente a tu casa y recuerdo el cigarrillo en la ventana y las charlas hasta el amanecer.

Pronto ha de amanecer y los fantasmas se evaporaran. Sonrió, esta vez de diferente forma, porque si bien los fantasmas aparecen en la obscuridad, la luz del día me recuerda que sólo existen en mi mente y que al menos ahora, ya no pueden lastimarme como cuando estaban en vida.